Diabetes: palabras claves para entender mejor 

Insulina y páncreas. La insulina es una hormona producida en la glándula del páncreas. Su función es clave para la vida, ya que permite el ingreso de glucosa a determinadas células del organismo (transporta la glucosa); células que usan la glucosa como combustible, como si fuera la nafta de un auto. No solo eso, la insulina permite la captación de todos los nutrientes necesarios, redistribuye y metaboliza los nutrientes aportados por los alimentos y mantiene el metabolismo en equilibrio. 

La carencia (absoluta o relativa) de insulina provoca aumento de la glucemia (glucosa en sangre) así como de otros nutrientes.

Glucosa. Azúcar. Es la base de la producción de energía en el organismo. 

Síndrome metabólico. Es un conjunto de signos y síntomas,  factores fisiológicos, bioquímicos, clínicos y metabólicos que conllevan un aumento del riesgo a padecer una enfermedad cardiovascular o diabetes mellitus tipo 2 y morir por ello. Estos factores se pueden resumir en exceso de grasa abdominal, alteración de los lípidos o grasas en sangre, alteración vascular, razones genéticas, hipertensión arterial, tendencia a coágulos y estrés crónico.

 

Las causas a este síndrome se relacionan con un excesivo consumo de calorías, azúcares, grasas y sal en la dieta, tecnología liberadora de esfuerzos, poca actividad física, entretenimientos pasivos (como la playstation) y estilo de vida sedentario. A su vez, también puede nacer por una predisposición genética. 

Es importante tener presente que la insulinorresistencia (leer abajo) es el primer estadio de la diabetes tipo 2 y que su asociación con la hipertensión arterial y enfermedad vascular es muy elevada, lo que implica que los pacientes diabéticos dupliquen dichos riesgos.

 

¿Quiénes están expuestos a sufrir el síndrome metabólico? TODA LA POBLACIÓN. De hecho, es considerado pandemia mundial y actualmente se estima que la padece el 25% de la población adulta.

Insulinorresistencia.  Sin la ayuda de la insulina, la glucosa no puede entrar a las células.

 

Existe una teoría denominada "Teoría del Fenotipo Ahorrador" que surge a partir del hombre primitivo cuando pasaba largos periodos de hambruna.

 

Un órgano que no requiere de la insulina para captar glucosa es el cerebro. Y utiliza unos 150 gr. por día. Entonces, para preservar esos 150 gr. de glucosa que necesita el cerebro para sobrevivir, el hombre primitivo tuvo que generar cambios en su metabolismo y quitarle la glucosa a otros tejidos. Estos cambios consistieron en lograr que sus músculos tuvieran capacidad para ahorrar energía y dejar de consumir glucosa cuando no la necesitaran. Al no ser utilizada por los músculos, la glucosa se "guardaba" para el cerebro. 

 

Como en los músculos la glucosa ingresa  gracias a la insulina, ese mecanismo que el hombre primitivo modificó fue el de no dejarla actuar para preservar al cerebro. Esa falta de acción de la insulina es lo que se denomina insulinorresistencia (IR), es decir, resistencia para su accionar. Los individuos que desarrollaron insulinorresistencia pudieron sobrevivir y los que no la desarrollaron no sobrevivieron.

Este mecanismo de insulinorresistencia, que fue beneficioso para el hombre primitivo, se volvió innecesario cuando se agrupó en comunidades y se volvió sedentario, comenzó a cultivar y a disponer del alimento todos los días. Sin embargo, para ese entonces, la insulinorresistencia ya estaba grabada en sus genes. Nosotros, al ser descendientes de esos sobrevivientes, también llevamos en nuestros genes la información necesaria como para poder desarrollar la insulinorresistencia a nivel muscular cuando las condiciones ambientales obliguen a expresarlo.

 

Posteriormente, luego del proceso de industrialización (que generó sedentarismo laboral, tecnológico, urbanización, proliferación de los medios de transporte, industrialización del alimento con mayor carga de grasas), el mecanismo de la insulinorresistencia se volvió perjudicial. De esta manera, todos podemos presentarlo debido a que heredamos la capacidad de ahorrar energía, es decir llevamos en el genoma humano al fenotipo ahorrador.

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