Ana Valentinuz: Medicina en Pilar, un trabajo de hormiga

Detrás de cada paciente, hay una historia. Detrás de cada enfermedad, hay alguien que necesita ayuda para ser curado. Detrás de cada comunidad, hay grandes médicos que invierten su tiempo, su amor y su pasión en modificar realmente la salud de las personas. No siempre son las grandes acciones las que marcan la vida en una comunidad, sino el trabajo de decenas de personas que día a día trabajan en silencio por el verdadero cuidado de los vecinos de Pilar.

 

La doctora Ana Valentinuz, como muchos otros médicos de la zona, trabaja en los centros de salud “Lorenzo López”, en Villa Verde y Los Cachorros, en Del Viso. En los centros de salud, conocidos popularmente como “salitas”, se realizan alrededor de 4500 consultas mensuales y además se brinda atención externa a través de las postas sanitarias. Los centros de salud son un sostén fundamental para los vecinos, que trabajan junto a las escuelas, la iglesia, la biblioteca popular y la asociación mutual de jóvenes. “Nuestra función es cuidar a la comunidad”, sostiene.

 

Ana Valentinuz es médica hace 24 años. Se formó como clínica y se especializó en Medicina Familiar en la Universidad de Buenos Aires. Empezó trabajando en Emergentología, pero su verdadero lugar siempre estuvo en otro lado: “Mi sueño era desempeñarme en centros de salud, no solo manejar la urgencia porque en las guardias no podés tener continuidad con los pacientes y terminas perdiendo sus historias”.

 

Hoy, además trabaja como docente en la Escuela Municipal de Enfermería y en la Escuela de Policía de la provincia de Buenos Aires. Es facilitadora en el Programa Médicos Comunitarios del ministerio de Salud de la Nación y atiende medicina privada en el Centro de Traumatología y Rehabilitación Del Pilar (CTR).

 

¿En qué consiste el trabajo como médica de familia?

Se trata de mantener sana a la población, no solamente curar la enfermedad. El médico de familia tiene una visión integral y a lo largo del tiempo. Muchas veces controlamos la salud de una persona desde que nace hasta su actualidad en el mismo lugar. Lo vas viendo crecer, desarrollarse y lo vas acompañando a lo largo del tiempo. Es una oportunidad para darle todas las pautas de salud y seguir el desarrollo de una familia.

 

Y esto se realiza en los centros de salud.

Si, los centros tienen esa visión más integral, mantener la salud de la población además de la enfermedad. En Villa Verde por ejemplo, se atiende también la docencia y la investigación. El sanador piensa que la salud solamente pasa por los hospitales, pero si alguien se quiere dedicar, hay muchísimo para hacer e investigar. El trabajo con la población es distinto. Trabajamos mucho sobre factores de riesgo, es decir, lo que puede afectar la salud de la gente, y cómo prevenirlos.

 

¿De qué factores de riesgo hablamos?

El dengue, por ejemplo. Nuestro trabajo fue fundamentalmente tratar de evitar. Trabajamos con las escuelas para educar a los nenes, hicimos una gran campaña y formamos promotores de salud. Y al final los chicos se convirtieron en los mejores promotores de salud. Nosotros les enseñamos qué había que hacer, y ellos iban por la casa enseñando a los otros. También repartieron volantes y prepararon charlas en las escuelas. La educación es fundamental en salud. Si educas una generación, tenes futuro. Es un trabajo de hormiguita, muy lento y sostenido en el tiempo, porque es en el largo plazo cuando verdaderamente da sus frutos. Evitar que una población se enferme es fantástico. Mucho más que curar a alguien.

 

¿Cuáles son las enfermedades más frecuentes?

Depende la época del año. En febrero empezamos con la campaña de invierno para empezar a concientizar sobre la vacunación al día y educar a las madres para el cuidado invernal. Esta es la etapa de enfermedades respiratorias, como la bronquiolitis en los más chicos y los cuadros gripales más serios las personas mayores. Y durante el invierno, cuando ya está el cuadro, se trata de minimizar el daño para los otros, tratar de que se contagie la menor cantidad de gente posible. Y en verano las patologías suelen ser las diarreas y la gastroenteritis. Pero a lo largo del año, el que tiene su enfermedad crónica, tiene sus controles regulares y se lo sigue en el tiempo para evitar futuras complicaciones.

 

¿Y a nivel colectivo?

En lo comunitario, se trabajan otras patologías. Actualmente hay muchos problemas de violencia. En la sala donde estoy hay un equipo de violencia que trabaja con grupos para mujeres, para hombres y ahora se está preparando uno para chicos. Es un abordaje a una problemática seria social. Hay otros centros que trabajan adicciones o alcoholismo. Actualmente es muy complejo el abordaje, y entonces no es suficiente con tener solo una mirada en la salud. Hay que trabajar con las escuelas, con las iglesias. Es necesario que te juntes a charlar con otros. Si te quedas solamente con la visión de salud, te quedas miope. La salud abarca todo.

 

¿Cuál es su rol específicamente en el centro de salud?

En Villa Verde hago más que nada los exámenes de salud de libreta sanitaria por la Asignación Universal por hijo. Esto ayudó mucho al área de salud, porque ahora vino un segmento de la población  que antes no venía: los adolescentes. Los jóvenes no consultan habitualmente porque como se sienten bien, no se atienden. Y esto significó un incentivo que ahora le da continuidad a los controles porque tienen que presentar la libreta cada determinada cantidad de tiempo. Lo que los padres quizás ven como una obligación, nosotros lo vemos como una oportunidad para obtener un examen del chico y hacerle el control anual. Así vemos año a año cómo va creciendo y podemos detectar los problemas a tiempo. Además, vemos su crecimiento psicológico, su desarrollo de la personalidad, cómo se desenvuelve en el medio social, cuáles son sus ideales.

 

¿Y esto permite que la respuesta de la gente se viva en forma directa?

Sí. Las madres me cruzan en la calle y me cuentan que ya lo llevaron a alguna consulta específica o me lo traen para ver cómo anda. Uno ve muchos pacientes y es bueno cuando no se olvidan de las cosas que les dije. A veces me refrescan algo y yo enseguida me acuerdo que les recomendé. Entonces la persona siente que lo reconocen. Eso es lo lindo de seguir en salud. El hecho de sentir que vas cuidando con el otro. Uno no se siente solo el cuidador, sino que vos le diste un poder de cuidar y la persona lo asume como su responsabilidad. Es un ida y vuelta. Vienen a devolverme lo que yo les pedí y a su vez yo les agradezco cuando mantienen su continuidad.

 

¿Algún caso que se acuerde en particular?

Hace poquito falleció un paciente que yo quería mucho. Fue un caso muy difícil porque no se hizo atender y es un ejemplo de oportunidades perdidas de muchos años. Uno a veces se acuerda más de esos pacientes porque son los que ve sufrir a pesar de haber hecho todo lo posible. Pero se fue tranquilo. Él no venía a atenderse conmigo porque en realidad mi función fue detectarlo, no seguir el tratamiento. Pero conmigo tenía confianza porque fui quien se lo dijo. Él había pasado por muchos hospitales y nadie se animaba a decirle que tenía cáncer de pulmón. Y cuando vino conmigo, le dije que si él estaba preparado, yo se lo decía. Este tipo de relación no la podes vivir en otro lado porque tenes que sentarte con el paciente a conversar con él. Le das una mala noticia pero también le das la posibilidad de lucha, de pelea. Y este hombre la peleó hasta el final.

 

La relación médico – paciente se hace muy cercana.

Sí, pero sufrís bastante también. Sufrís cuando se van, pero te pones contenta cuando las cosas salen bien. Así como pasó con este paciente, también detecté un cáncer en una nenita del que ahora está operada y está evolucionando bien. Y nuestros encuentros son a los abrazos y los besos. También, mi función fue dar el diagnóstico, no hacer el tratamiento. Pero me alegra verla bien, verla crecer y seguir adelante y haber superado una etapa que fue un hito en la vida de la persona. Eso te da el centro de salud, la cercanía en distintas etapas de la vida.

 

¿De qué manera trabajan con las escuelas de la comunidad?

Antes hacíamos muchas charlas de educación sexual, pero ahora son charlas más integrales y con una visión de proyecto. Muchas veces las problemáticas salen de los mismos chicos y entonces no alcanza con charlas de educación sexual porque los jóvenes se duermen y saben muchísimo. Al contrario, te quedas sorprendido de las preguntas que hacen. Así que se trata más de acompañar los proyectos de vida que tienen los chicos y de ir respondiendo las preguntas que surjan.

 

¿Y se dan charlas de sexualidad en el centro de salud?

Tenemos un espacio los viernes donde se da una charla, totalmente a libre elección, donde los chicos vienen a aprender y pueden optar por algún método anticonceptivo si quieren. Ahora a partir de los 14 los chicos pueden optar por un anticonceptivo sin necesidad de estar acompañados por los papás. Lo que nosotros les pedimos es que primero reciban la información necesaria para que elijan responsablemente. Muchas veces tenemos profilácticos en la sala de espera, para que cada uno elija su libertad de acción. Lo importante es transmitirles que haya una decisión responsable de cómo cuidarse. Uno no interviene en la decisión personal, buscamos instruirlos en los cuidados que tienen que hacer y que entiendan que debe ser una decisión entre las dos personas.

 

¿Ven muchos embarazos adolescentes?

Sí, pero nosotros instruimos para que se haga una elección responsable. Nuestro trabajo no es juzgar. Uno educa, insiste, pero la base siempre está en la familia. Uno trata de guiar para evitar nuevos embarazos enseñando a elegir responsablemente. Y si no, se acompaña. No podemos hacer mucho más que eso. Tratamos de hablar con los padres para que todos entiendan que es una decisión familiar.

 

Son pocas las personas que brindan salud realmente para todos. Para recibir atención en los centros de asistencia, es suficiente con esperar a ser atendido. “Uno está inserto dentro de una comunidad trabajando, nuestro trabajo se dibuja un poco de acuerdo a los problemas que surjan”, responde con humildad. Y es que detrás de esta médica de familia sobra el amor al otro, el tiempo dedicado y las ganas de un Pilar cada vez más sano.

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